Cuando camino por el bosque suelo experimentar
una serie de sensaciones que hicieron surgir en mí
la idea de comenzar esta nueva serie. Siento en los
bosques frescor y bienestar, deseos de descubrir
tesoros en los recovecos, de pararme y recibir rayos
de sol en sus espacios más abiertos. En otros
momentos percibo ruidos que me hacen sentir
inquietud, miedo a perderme o encontrar alguna
sorpresa desagradable. Creo que en el fondo de todas
estas sensaciones subyace el deseo de encontrar el
espejo que me devuelva la imagen ideal, libre y fuerte
de mí misma que desde hace tiempo persigo.
A medida que avanzo en esta serie me doy cuenta
de que retrato en los personajes el espejo buscado
y represento el bosque como alegoría de la mente,
con sus intrincados recorridos que a menudo dificultan
el camino a la profundidad del propio ser.