El espacio donde trabaja un artista es un lugar
impregnado de una energía especial, donde flotan
incontables imágenes en espera de ser aprehendidas
y fijadas sobre un soporte físico.
Las luces filtradas a través de los ventanales de mi
estudio, las aristas de las paredes demarcando planos
de luz y de sombra, la interrelación de superficies
de distintos tamaños e intensidades de color, y los
objetos cotidianos y entrañables son una constante
fuente de inspiración para mí.
Desde hace años he venido plasmando distintas vistas
de mi estudio no como una descripción objetiva de su
realidad física, sino como síntesis de las emociones
que me produce este espacio vivido, testigo de todos
mis desvelos por la creación artística.